miércoles, 3 de marzo de 2010

Xian y su ejercito

Tras el retraso del avión, el frío que pelaba y una habitación de hostel tipo barracón de la que había que salir y pasar por cuatro patios de la dinastía Ming (que serán preciosos en primavera, no lo dudamos) para ir al baño (que tenia unas prestaciones de la dinastía Ming también), parecía que todo el ejercito de terracota se nos había puesto en contra. Pero al amanecer y sin pensarlo mucho nos fuimos a coger el autobús que nos llevaba a ver la obra de un emperador cuanto menos megalómano.

Para ir a ver los guerreros sin duda nosotros aconsejamos coger el autobús número 306 que sale del lado derecho de la estación de trenes si la miras de frente. Es difícil resistirse a la multitud de gente que te ofrece llevarte por precios bajos, pero nunca tan bajo como el bus (algo mas de un euro por persona). Se tarda un rato en llegar, son unos 40 km.

La verdad es que los chinos tienen montado allí un negocio increíble, no hay mas que tiendas y puestos, unas explanadas gigantes. La entrada es cara, para un chino desde luego carísima, 9 euros. Como las audio guías estaban en inglés optamos por coger solo una y apañarnos, hicimos muy bien, porque tampoco vale mucho la pena, se pierden en descripciones eternas sobre los galones que llevan y el rango que ostentaban muchos de los guerreros.



Puedes haber visto multitud de fotos del yacimiento, pero al entrar en el yacimiento número 1 (dejarlo para lo último), 18 siglos de historia se te echan encima de repente y tienes lo que nosotras llamamos ‘orgasmo turístico’, pelos de punta y mandíbula caída, (para los fumadores lo sentimos, aquí no se puede fumar).

Regresamos a Xian, había llegado el peor día para todo mochilero que se precie, es el día en el que te das cuenta de que todas las combinaciones de camisetas con pantalones han sido ya realizadas, y lo que es mas grave, no queda ropa interior limpia¡¡ Con este percal no quedaba otra, había que hacer colada, empezamos con optimismo, y acabamos pensando que lo mejor hubiera sido incinerar todo y salir de compras con 300 yuanes (30 euros). La lavadora dejó lo que estaba limpio con manchas, la secadora no secaba… tuvimos que tender todo en un tendedero de la dinastía Ming y cruzar los dedos para que al día siguiente Lorenzo hiciera el resto, Wipp Express tendrá que obrar el milagro una semana después en casa..

Ya por la noche, nos fuimos al barrio musulmán, son unas callejuelas estrechas con casitas preciosas y una multitud de puestos de comida en la calle, una verdadera maravilla. Hasta este momento estábamos algo conservadoras en cuanto a la comida de los puestos callejeros, pero en un ambiente tan bonito y tan cordial, en dos minutos estábamos dispersas y mimetizadas comprando aquí y allá, vamos, que nos fuimos de tapeo¡¡ Judith fue la menos afortunada, se comió una brocheta de no sabemos que, bueno si, de fuego, la dejó sin papilas para el resto del viaje, (estos chinos no se andan con bobadas, cuando imitan imitan bien, y cuando hacen comida picante la hacen), Marta nos dio el mejor momento expresando a una mujer lo buenísima que estaba una brocheta de verduras con crema de cacahuete y lo limpia que era la señora, la mujer acabó encantada con tanto gesto con labios y manos. El resto probamos un poco de cada y nos gustaron algunas cosas, menos MJ que la gustó todo, que paladar¡¡



Ya tarde volvimos al hostel temiéndonos más de una indigestión, no fue así
 

Por fin en manga corta¡¡¡

La mañana amaneció con el tan esperado sol, asi que tras revisar y dar unas vueltas a nuestra colada, nos fuimos a visitar Xian y ya de paso cogimos algún vehículo de los que nos gustan a nosotras.



Primeramente nos dispusimos a visitar la parte de extramuros, pues Xian posee una muralla que se dice que es la mejor conservada de toda China.

Desde la estación de autobuses tomamos el bus número 14, también el 5 se puede coger, te deja cerca de la gran pagoda de la Oca Salvaje, como el día estaba tan soleado y encima era Sabado el parque que rodea a la pagoda estaba a rebosar de gente y de puestecillos a los que no pudimos resistirnos, y probamos lo que para nosotras es el producto estrella de China, una brocheta de fresas caramelizadas…ya no dejaríamos el vicio en todo el viaje;


la sorpresa llegó cuando al abandonar el parque comienza a escucharse algo por los altavoces mientras multitud de gente se amontona al lado de los estanques, al rato comienza un espectáculo de agua y música estupendo, que nos mantiene con la boca abierta durante un buen rato.


La visita de la muralla es bastante aconsejable, nosotras íbamos escasas de tiempo y no pudimos recorrer mas que un pequeño trozo; la entrada es carilla, 8 euros, un verdadero abuso, menos mal que colamos la tarjeta de los hostels como carnet de estudiantes y nos cobraron 4 euros. A parte de las bonitas vistas, tenemos que reseñar esta falta de orden y limpieza que tienen los chinos, el paseo de la muralla estaba lleno de todo lo que se había utilizado en la celebración de la cabalgata del año nuevo, y no precisamente en un estado de almacenamiento para usarlo el que viene….un desastre¡¡



Tanto nos gustó la noche anterior el barrio musulmán que no pudimos mas que volver a comer allí, esta vez de restaurante, pues son muy afamados los raviolis de Xian (no les espereis con tomate como nosotras…), de nuevo Judith constató que cuando te ponen una guindilla dibujada en la carta mejor no lo pidas si no toleras el picante, MJ y yo como siempre encantadas con nuestras elecciones de dos guindillas.



A las nueve de la noche tomábamos nuestro primer tren en la aventura china y quedamos muy encantadas con la experiencia. Si coges billetes de primera tienes compartimentos de cuatro camas, duras, como siempre en China; una tenía que ir en otra habitación, tras un sorteo Marta fue la sacrificada, pero tuvo suerte, la tocó sola con otro hombre, que ella definió como limpisimo y educado.



Para tomar trenes en China hay que tomar una serie de precauciones, lo primero es reservar con al menos dos o tres días, pues puede ser que nos quedemos sin plazas. Lo segundo es improvisar en un papel un calendario para señalar el día que quieres viajar y poner la ciudad de origen y destino y las horas. En las taquillas no suelen hablar inglés, pero suele haber una en la que sí. Nosotras no tuvimos mayor problema, eso si, los billetes solo se pueden comprar desde la ciudad de origen, es decir, en Xian no pudimos comprar el billete para días después de Pekín a Shangai.

Abandonamos Xian con el buen sabor de boca que nos han dejado sus puestecillos callejeros y sobre todo esas brochetas de fresas que nos planteamos reproducir para vender en el próximo San Isidro.
Mención especial para Encar que no logró que fuésemos a ver a los osos panda, Encar, te llevaremos al zoo en Madrid¡¡ prometido.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario